martes, 31 de julio de 2007

DECEPCIONES, AMIGOS Y GRUPOS DE AMIGOS

Las decepciones son algo tan normal en la vida que hay que verlas como parte de ella. En muchas ocasiones fijamos demasiadas expectativas en algo o alguien que al final, por la suerte que sea, no es tal y como pensábamos en un principio. Pero no hay que tomárselas como algo negativo, sino más bien como un fallo de predicción o algo así.
No somos máquinas perfectas e inequívocas, solemos tener un alto porcentaje de error en aquellas cosas que no se averiguan por pericias más empíricas. Lo más habitual del sentido de la decepción viene por los planteamientos de la vida y las circunstancias que a ella son afines en cada momento.
En el caso de las personas, es normal que siempre veamos o querramos mostrar la parte más afín a la otra persona. Esto es, nos conquista aquello que buscamos y encontramos. Luego ya, cada uno por su cuenta, es capaz de valorar si todo lo que nos hace sentir tan bien es lo que creíamos o sólo una maniobra de acercamiento; pero como ya se ha dicho, no es tan fácil de adivinar.
El fondo de cada persona, no ya en el mundo de los sentimientos, sino en el planteamiento que se pueda tener a la hora de mantener relaciones sociales más o menos íntimas, es más importante de lo que parece. Yo nunca he sido alguien que tenga un arraigo en un grupo de personas, y me he dado cuenta, con el tiempo, que es algo que puede llegar a ser un conflicto para muchos que basan la amistad en la conciencia de grupo. Soy bastante más intimista, me gustan más los bis a bis que las orgías en términos sociales.
Si hay algo que ya descubrí, no es más que el el ser humano es un animal eminentemente social y que su comportamiento difiere demasiado si se encuentra cómodo, incómodo, absorto o ausente según esté acompañado de más o menos personas y, obviamente, de cuáles se tratan.
La decepción que consta en este post como hilo, se refiere a esos cambios. ¿Por qué algunas personas son tan increíbles cuando a solas con ellas te fascinan y tan extrañas cuando en grupo se despersonalizan? Un amargo enigma que me aleja de las concepciones de ciertos grupos de amigos.
Como conclusión, sin más, llego a pensar que a las personas hay que amarlas por separado y comprenderlas en grupo. Prefiero cimentar una amistad con una sóla persona que compartir el afecto efímero de estos grupos.

jueves, 5 de julio de 2007

LUNA LLENA DE ARENA

Quizás pueden haber pasado diez años, quizás. Entonces todo era distinto y no eran almas unidas aunque sí paralelas. Él sabía que Ella existía; siempre la veía sonriente y guapa. Alguien común, pero lejana a Él por los avatares de la propia vida. Recuerda su pelo largo y oscuro, su peculiar sonrisa y el parentesco con una niña oscura y luminosa a la vez.

De Él Ella escuchó hablar muchas veces también. Pero no lo identificaba con nadie, sólo con una idea, con una sensación. Yo he hecho todo lo posible por acercar sus almas, porque algún día llegarán a fundirse, aunque sea, durante algunos momentos de sus vidas.

Y aunque hubiese muchas cosas en común y cercanas, Él sólo tiene un recuerdo de ella. No fui yo en ese caso el que busqué aquella suerte, no. Porque a veces perdemos cosas valiosas en el camino de la vida, y no demasiadas encontramos a aquéllas que desaparecieron. Esa vez Ella perdió una prenda preciosa en un lugar situado a medio camino entre su casa y la de Él. Y Él la encontró ¿casualidad? Tampoco creo en ella, no, pero insisto en que esta vez no hice nada por comunicar sus almas. La prenda estaba rasgada y sucia entre las ramas de un arbusto. Pero Él la vió y después escuchó la voz de Ella, desesperada y triste. Guardaba afecto a su prenda, no sé si por que fue un valioso regalo o por que la tuvo después de desearla durante un tiempo. Él la llamó y se la devolvió, mientras ellas le dio las gracias abrazando su preciosa prenda.

Un bonito y único recuerdo, Él no sabía nada más de ella. Tan sólo su nombre, sin hache.

Pero yo no podía dejar que dos almas tan ávidas permaneciesen eternamente separadas.

Y no hace demasiado tiempo coincidieron de nuevo, ¿por casualidad? No, no creo en ella. Tres veces tuvo que arroparlos el mar, y tres veces los observé y acaricié. Lo mejor de las almas ávidas es que en cuanto se reconocen como tales, hacen lo posible por ahondar entre ellas y conocerse más. Así se coincide en un camino que no elegimos como la vida, y se sigue el avance bien acompañado, y las penas son más pequeñas.

Y esa tercera vez, junto a un mar que venía de donde sale el sol, con las olas acompañandome a mí y la luna llena iluminándolos a ellos. La arena ya no se separó de ambos hasta el día siguiente. Desde entonces, yo no sé que pueden sentir ellos, pero sí que sé que me llevan sintiendo a mí desde hace muchos años.

Yo, sólo soy música. Y soy sentida, pero no puedo sentir. ¡Que ellos sientan por mí!


domingo, 27 de mayo de 2007

DESDE LA CAVERNA

Cuando el aire está claro y la luz del sol llega al suelo sin filtros derivados del polvo y la polución, ésta llena el agua y la vuelve casi incandescente. Tanto, que deslumbra y hace entornar los ojos para evitar dolor.

Desde el interior de una caverna de la provincia de León la ví así. La luz bañó al agua para que entrase iluminada en la oscuridad de la tierra.

lunes, 21 de mayo de 2007

DESDE LA TRONERA

Las troneras eran aberturas, con carácter defensivo, ejecutadas en los muros de las fotalezas. Así era más fácil atacar al asediador mientras el asediado se encontraba cobijado. Desde una de ellas, en una de las más maravillosas torres de la Alhambra, se contempla parte de la Alcazaba.
Me encantan este tipo de encuadres limitados por el propio entorno. De este modo, vemos en la imagen lo que veríamos desde ese lugar, sin limitar a un recuadro el campo de nuestra visión. Sólo limitamos la oscuridad del habitáculo de la torre.

jueves, 17 de mayo de 2007

DESDE LA ARENA

Lo que más me gusta del mar es el mar. Por eso, a solas con él es cuando mejor lo conozco y más cosas me dice. Y lo mejor es que cuando me habla es porque me hablo a mí mismo. ¿Será que el mar está dentro de mí?

miércoles, 16 de mayo de 2007

LUCES EN LA OSCURIDAD


Es probable que la energía no pueda crearse, pero sí capturarse en una imagen. O por lo menos su manifestación luminosa.
Es como si el cosmos estuviese cargado de elementos luminosos que, a veces, están nerviosos. Se entrelazan, corren, suben y bajan. Pero si se mueven, ¿por qué se ven tan quietos, cómo líneas? Nuestro cerebro se da cuenta, capta un movimiento al ver un caos tan extraño y bello.
¿Y los colores? Además de energía, parece que deben tener algún sabor o textura agradable.
Para ver la luz, hay que rodearla de oscuridad.

domingo, 18 de febrero de 2007

AGUA

El agua, tan importante para la vida y tan esencial en la mía, me ha acompañado en los mejores momentos. Tan musical es ella cuando llueve, acompañada de silencio, como cuando desciende una cuesta viajando en un arroyo. Así me relaja y me llena de una paz especial cada vez que me susurra junto a la Alhambra, bajando la Cuesta de Gomérez por partida doble entre cientos de álamos que la brisa roza haciéndolos suspirar. Al igual que el mar en sus distintas formas de morir en la tierra; calmado rumor cuando la marea acaricia la arena con agua y espuma, ensordecedor estruendo cuando la golpea sin piedad, atacando una y otra vez.

No hace demasiado tiempo, junto a una fuente inmersa en un lago, algo especial sacudió mi espíritu con dolor, después tornó al amor.

¿Qué pasó? El agua lo sabe, ella nos acompañó.

miércoles, 14 de febrero de 2007

EL DÍA DE LA CRUZ


Recuerdo los paseos, a principios de mayo, por mi ciudad. Antes era todo mucho mejor, era más puro. No estoy remontándome a muchos años, sólo a un par de lustros. Ha pasado el tiempo suficiente para darme cuenta de cómo han cambiado las cosas.
El 3 de mayo se celebra en Granada el Día de la Cruz. Es una fiesta pagana con un origen religioso, con un arraigo tradicional muy fuerte que cada día ha ido autodestruyéndose por medio de los vecinos e invitados. Sus orígenes ancestrales y misteriosos contrastan con el desprecio que actualmente recibe esta fiesta.
A principios de mayo se celebrebaba antaño la Invención de la Santa Cruz (aparecía en todos los calendarios y fuentes litúrgicas mozárabes), festividad relacionada con el legendario relato del hallazgo por Santa Elena de la auténtica Cruz de Cristo. En resumen, dicho relato narra que durante las batallas contra los bárbaros a orillas del Danubio, el emperador Constantino tuvo una visión. En el cielo apareció la Cruz de Cristo junto a las palabras IN HOC SIGNO VINCIS ("con esta señal vencerás"). El emperador venció en la batalla contra la multitud sin dificultad, se bautizó y ordenó la construcción de iglesias. Envió a su madre (Santa Elena antes de ser santa) a buscar la verdadera cruz a Jerusalén y, en el monte donde se sitúa la muerte de Cristo, el tres de mayo, encontró tres cruces ocultas. ¿Cuál era la verdadera? Fácil, aquélla que realizase algún prodigio. Colocaron todas, una a una, sobre el cadáver de un joven hasta que éste resucitó.
Desde el siglo VI se estuvo celebrando la festividad de carácter litúrgico dies Sanctae Crucis hasta que se perdió en el tiempo. La celebración en la actualidad se remonta al siglo XVIII, desconociendo los detalles que motivaron la recuperación de esta conmemoración. Desde entonces, perdió su carácter litúrgico y religioso y quedó como una fiesta tradicional con la cruz como centro social. La celebración consiste en la reunión de los vecinos de cada barrio alrededor de cruces, fabricadas por ellos mismos y cubiertas de flores, plantas primaverales y mantones. A los pies de la cruz se colocan, de forma ordenada y con más o menos armonía, utensilios típicos de cocina y enseres domésticos tradicionales. Tampoco debe faltar el pero con las tijeras hincadas (tiene su significado, sí). En el entorno de cada cruz se realizan bailes típicos (sevillanas, generalmente) a la vez que también se consumen los productos más típicos de la zona (habas, jamón, tortilla, chorizo asado o frito, patatas a lo pobre, migas, pinchos morunos, etcétera), bocadillos, cervezas y fino o manzanilla.
Esta fiesta, a su modo y por parte de su contenido floral y natural, es una bienvenida a la primavera. Esa es la parte absolutamete pagana que tiene orígenes incluso romanos (las FLORALIA, fiestas romanas en honor a la flora que duraban desde el 28 de abril al 3 de mayo).
Ni soy un fervoroso creyente, ni me gustan las sevillanas. Pero hay un sabor tan lindo dentro de esta fiesta, que sólo llena el cuerpo de alegría en cada primavera. El ánimo en las calles, la belleza de las Cruces y la exquisitez de la gastronomía hacen de ella un auténtico placer para propios y extraños.
En los últimos años, sólo hay aglomeraciones, música moderna a todo volumen y alcohol que se mezcla con fluídos más desagradables y pestilentes. La excusa perfecta para convertir poco a poco a Granada en la botella de España ha ido creciendo en los últimos años. Botellones masivos, jóvenes que vienen en peregrinación etílica y que además opinan acerca de esta fiesta que desconocen. Siempre igual, la juventud dice que ha de divertirse reventando tradiciones, pervirtiéndolas y haciéndolas suyas. Las últimas fiestas han sido tan patéticas que consistían en la colocación de barras con bebidas en todas las plazas de la ciudad, surtidores para botelloneros. Ni siquiera había cruces en muchos de estos lugares.
Este año, sin embargo, el Ayuntamiento ha dado un paso importante y que celebro. Se acabaron las barras en las plazas. Se vuelve a la tradición, manteniendo las cruces en patios de vecinos y entidades como colegios, residencias y otros lugares cerrados que abren sus puertas a todos los que quieran acercarse. Se potencia la creación de cruces con subvenciones a las trazas tradicionales y golosos premios a las mejores de todas. Un impulso a una tradición que ha trascendido fuera de Granada y que se ha corrompido en demasía.
Ahora, espero volver a pasear este año y decirle a algún amigo "vámonos de Cruces".

martes, 30 de enero de 2007

MENS SANA IN CORPORE SANÍSIMO

Tantos años haciendo deporte acaban haciendo mella. Y es que, aunque no he sido un deportista de élite ni competí a gran nivel, nunca he dejado de practicar algún deporte con cierta frecuencia.

Siempre me he sentido muy atraído por el baloncesto. Quizás hubiese necesitado algunos centímetros más para destacar; la naturaleza nos fabrica con características que no podemos cambiar.

Recuerdo también que un año, hace casi dos décadas, estuve apuntado en el equipo de balonmano del cole. Mi recuerdo acerca de este deporte es nefasto, más por los compañeros que por el juego. Siempre había sido el deporte protegido del cole en detrimento del baloncesto, por ejemplo.


Mi incursión en el fútbol sala fue demasiado fugaz. Se me dió bien el poco tiempo que estuve, pero no tardó en picarme el baloncesto... El deporte de la canasta siempre ha tenido un atractivo capaz de hacerlo destacar entre mis preferencias. Desde entonces y hasta el año pasado, no he dejado de jugar a este deporte. Sólo hubo un paréntesis de dos temporadas en los que no lo practiqué.

Este año ni hay equipo ni hay nada. Cada vez todos estamos más aislados y nadie quiere comprometerse por motivos... personales. Tendríamos que colgar un cartel en muchos sitios con el epígrafe:

EQUIPO DE BALONCESTO: FALTA PERSONAL

Al cuál los lectores responderán "¡QUE LA TIRE EPI!". Así estamos, ahora cada uno tiene que buscarse la vida para hacer deporte. Es cierto que algunos miembros del equipo aún se congregan en una cancha para jugar los domingos por la mañana. Pero a mí, realmente, me da pereza por varios motivos:

-La cancha está en la otra punta de la ciudad
-Los domingos por la mañana no me levanto antes de las 10 a no ser que algún plan me satisfaga de antemano
-No hay ni siquiera una fuente o grifo en los alrededores. Recordar que el baloncesto, y más al aire libre, ensucia mucho las manos. Y luego las manos van al pan... y no voy a recorrer toda la ciudad de nuevo sin lavarme las manos, claro está.
Y todo por no pagar un € el sábado por la tarde. En fín.

Ahora, este año, prefiero dedicarme a flotar para fortalecer mi cuerpo y alma. Siempre me he sentido también atraído por la natación (y por la nata sin ción) y nunca es tarde para empezar a practicarlo con cierta frecuencia.
Como decía la canción "Antón, Antón, Antón pirulero; cada cuál, cada cuál, elija su juego".


viernes, 26 de enero de 2007

NIEVA EN EL SUR

Ya es difícil, en estos últimos meses y en los que nos quedan por delante, ver que las nubes nos impregnen con su esencia en estas latitudes de la península. Apenas ha llovido desde aquél maravilloso puente que precedía a las navidades y que inauguraba uno de los mejores meses de mi vida. Ahora parece que el clima, herido de guerra, está dando algunos coletazos de vida invernal.
Cada vez que miro al futuro y veo que el agua no nos sobrará, imploro a quienquiera que maneje Gaia para que derrame sobre nosotros la esencia de la vida. Por eso me alegro y me muestro incluso más agradable los días lluviosos que los soleados. Ahora, parece que el agua viene vestida de blanco, de gala. El frío viene precioso y limpio del cielo para morir derretido y sucio en el suelo.

Y lo más bonito, lo que más me gusta y más me estremece, es el silencio que se escucha entre los copos.

domingo, 21 de enero de 2007

A TOUT LES AMIS

A veces, muchas veces, me gusta reflexionar acerca de mi vida. No sólo de la mía, sino de todas las que me rodean y algo tienen que ver conmigo. La vida es, sin duda, un viaje cuyo destino todos conocemos y tenemos que asumir.
Cada compañero de viaje que nos encontramos goza de unos privilegios vitales en esta vida, y a algunos les he tenido una altísima estima. A otros aún se la mantengo, a otros empiezo a tenérsela y por supuesto, a algunos casi los he olvidado.
Olvidar o recordar a una persona no sólo depende de nosotros mismos. Algunas veces, por suerte, surgen esos llamados reencuentros en los que recuerdas que algunas personas significan para tí más de lo que piensas a lo largo de la cotidianidad de los días. Otras veces no llegan esos momentos y algunas personas caen en el olvido... por eso tenemos que cuidar aquellas amistades que notemos especiales.
No puede ser, como dijo mi buen amigo Pipo, que sólo nos acordemos de quiénes somos una o dos veces al año, para más inri en fechas señaladas. En esas fechas no hay que hacer esfuerzo alguno para recordar a nadie. Sabes que te vendrá, por inercia, a la mente. No sale de tu alma el esfuerzo por retomar un contacto.
No podemos dejar sólo a la casualidad que dos, tres o cuatro personas se reúnan de nuevo tras largos meses o años sin siquiera dirigirse una palabra o un abrazo. A veces es posible que el distanciamiento sea forzado por situaciones absolutamente ajenas, pero eso es algo que cada día veo más raro. Es cuestión de querer verse, de quererse y de preocuparse por esa persona.
Por eso, les doy las gracias a todos los que han sido mis amigos, a los que actualmente lo son y a los que algún día lo serán por hacer de mí parte de quien soy.

martes, 5 de diciembre de 2006

MÚSICA: ESCUCHAR VERSUS OÍR


Acerca de la música se han abierto siempre muchos interrogantes en mi vida. No ya por cuestiones cualitativas o cuantitativas, sino más bien por el significado que ésta pueda tener para mí y para la gente que me rodea. Incluso voy más allá, siempre he pensado mucho en el valor genérico de la música en la sociedad.
Siempre nos ha acompañado en todos los aspectos de nuestra vida y no por eso todo el mundo ha aprendido a valorarla como esencia, sino más bien como aliciente o acompañamiento. Quizás como un instrumento social para muchos, y como un deleite emocional para otros tantos. La diferencia estriba entre oyentes y escuchantes.
Digamos que un oyente convencional (yo diría que oyente pasivo) percibe un estímulo sonoro que le acompaña y ambienta a la vez que realiza alguna acción. No tiene por qué apreciar lo que escucha, simplemente disfruta al memorizar involuntariamente una serie de melodías repetidas por parte de los medios de comunicación y la propia comunidad. Ya sean las canciones infantiles que oyen los más pequeños mientras juegan o aprenden, o los temas promocionados por las radiofórmulas que cualquier persona oye a la vez que trabaja o realiza otro tipo de acción dinámica.
El escuchante (más bien oyente activo), más bien, devora la música con toda su intención. No ve la música como un estímulo ajeno con el que convive, sino como un objetivo plenamente sensitivo. Elige la música que quiere consumir por su propio criterio, sin la necesidad de verse saturado por el mercado ni por otro tipo de influencias externas con la lógica excepción del círculo artístico del que se rodee.
La otra gran diferencia radica en el modus operandi de la audición. Cuando un amante real de la música enciende un aparato o acude a un recital, es normal que analice lo que escucha. La estructura de la obra, los matices tímbricos, rítmicos y armónicos de cada fragmento y la temática global y particular son los parámetros que, en mi opinión, pueden generalizarse para todo tipo de composición. Valorarlos en conjunto puede dar una ligera idea de la obra, y claro, un análisis pormenorizado de todos los elementos da lugar a un reconocimiento exhaustivo.
En cambio, un oyente más pasivo, es más conformista con lo que oye y disfruta de la música de otro modo… quizás más mundano. Esto no aparta a nadie del amor a la música, ya que cada cuál elige de qué modo prefiere conceder su atención.
Sin entrar en descripciones formales, es cierto que hay algunos estilos musicales más elaborados que otros. Pero el factor de calidad básico en la música no recae en el estilo, instrumentos o idioma en el que se realice, sino en la intención de terminar una obra para ser disfrutada… no sólo vendida.
Esto sólo es una opinión dedicada a los amantes de la buena música.

martes, 28 de noviembre de 2006

VIA VERDE


Más de doscientos años han pasado ya desde que una locomotora de ferrocarril, en Gales,
realizara su primer desplazamiento. Desde entonces este medio de transporte ha sido uno de los
pilares del desarrollo industrial y comercial de todo el globo. En España, el primer tren
circuló el 28 de octubre de 1848 entre Barcelona y Mataró.

Muchos kilómetros de vías se han ido trazando a lo largo de más de 150 años, y claro está,
muchas de ellas han quedado obsoletas para las necesidades actuales. Algunas no han caído en el olvido, porque han sustituído el viejo tránsito de locomotoras y vagones por largos paseos para ciclistas y peatones. Las llamadas Vías Verdes, unas acondicionadas y otras sin estarlo aún, se extienden por toda la geografía nacional para el disfrute de los aficionados al senderismo o al cicloturismo, dando la oportunidad de realizar largas caminatas sin apenas dureza. Hay que tener en cuenta que los trazados para vías ferroviarias no pueden estar dotados de grandes pendientes para la correcta circulación de las máquinas.

Hace unas semanas tuve la oportunidad de conocer una de ellas. La Vía Verde del Aceite discurre entre Jaén y el río Guadajoz, con una longitud de 55 km y dirección NE-SW desde la capital. A través de ella viajaba el Tren del Aceite, que conectaba las poblaciones aceituneras de esta parte de la provincia.

Un grupo de amigos realizamos la travesía del tercio central, entre las poblaciones de Martos y Alcaudete. Unos 20 km en vía y 5 desde la misma hasta el punto de llegada por carretera convencional. Ya no hay vías, sólo se conserva la plataforma acondicionada con riegos asfálticos para un cómodo tránsito. Pero aún quedan las viejas estaciones abandonadas, largos viaductos de piedra y metal y los oscuros túneles perforados en el siglo XIX.



martes, 21 de noviembre de 2006

HISTORIA DE UNA PUERTA

Como todo el mundo sabe, una puerta está hecha para abrirse, atravesarla, cerrarse y acceder a algún lugar. La historia que os voy a contar habla sobre una puerta a través de la cuál se accedía a una ciudad.
Hace muchos años (como decía el cuentacuentos de Martes y Trece; tantos, que casi ni me acuerdo) mi querida ciudad era la capital de un reino. El reino en cuestión tuvo sus épocas de esplendor, decadencia y constante guerra con el bando cristiano. Al fin y al cabo, los moros de Granada se quedaron en ella hasta el dos de enero de 1492, por lo que aguantaron siglos el ataque de la Santa Cruz. A lo largo de los siglos, la ciudad fue fortíficándose a base de potentes murallas jalonadas con torres defensivas y alguna que otra fortaleza en puntos más estratégicos. Y claro, para atravesar la vasta muralla se tuvieron que construir puertas de acceso; algunas a la vez que se trazaba el gran muro, otras se erigieron una vez que los lienzos murales ya existían. Quizás este último sea el caso de nuestra protagonista.
Y así, hacia atrás en el tiempo, llegamos hasta los últimos años de la Edad Media, en la que se desarrollan los acontecimientos que han marcado el carácter urbano de la actual Granada. Sin saberlo con exactitud, podemos pensar que nuestra puerta se construyó durante el siglo XIV, siendo insertada en la muralla que llevaba ya algunos siglos funcionando. Estaba ubicada en los alrededores de la célebre Plaza Bibrambla o Bibarrambla y era conocida como bab al-Ramla (Puerta del Arenal). De todas formas, a lo largo del tiempo ha sido conocida con muchísimos nombres, como Puerta de las Orejas y las Manos (dicen que en época cristiana colgaban en los muros de la puerta las orejas y manos de malhechores detenidos), Puerta de los Cuchillos e incluso Puerta del Caballo.
La puerta era colosal, encajada dentro de una gran torre, y con paso a su través en recodo. El tiempo la convirtió en un elemento urbano más, habiendo perdido su función original en el momento en el que la muralla ya estaba embutida en la ciudad e incluso ésta desapareciese. Hasta que llegamos al culmen de la historia... porque la puerta no iba a estar ahí siempre. Hay que tener en cuenta que la conciencia sobre el patrimonio de nuestros antepasados no era ni la mitad de la mitad de la mitad de la que puede tener cualquiera de nosotros.
A mediados del siglo XIX las edificaciones colindantes a la puerta empezaron a asfixiarla materialmente a la vez que algunos vecinos mostraban interés por quitarla de enmedio. El Ayuntamiento (aquí nada de Excmo.) parece que no veía del todo mal la idea de hacerla desaparecer. De hecho, algunos ecos llegaron a la prensa madrileña, dejando claro el desinterés por parte de la administración granadina (no hay en la vida nada, como la pena de ser ciego en Granada, dice la tradición). Y fue cuando los políticos de turno empezaron la rueda del criticar y descriticar. En el Ayuntamiento algunos se lavaban las manos, la Comisión de Monumentos no paraba de criticar la moción y resolvió solicitando una Real Orden Protectora. Pero la juerga no había hecho más que empezar.
Después de los bailes políticos vienen los hechos y los llantos y las risas. Todo empezó por el derribo de un trozo de muralla cercana a la puerta, hacia 1859. Y así, con protecciones de la realeza y todo, la polémica vuelve cuando el Ayuntamiento se plantea cosas feas en 1861.

-¿Nos vamos de demoliciones?
-Venga, vale, de acuerdo.
-Pues esperamos una docena de años y la hacemos trizas. Pim pam pum.
-Vaaaale, esperamos doce años.

Doce años después, en 1873, se inicia de modo precipitado el derribo de la bab al-Ramla, aunque por suerte algunas reacciones mediáticas y políticas frenaron un poco el triste destino de la puerta. Incluso un vecino que vivía junto a la puerta veía peligrar la estabilidad de su casa, vaya por Dios. Y ni caso al pobre.
Y después de años de rifirrafes políticos, comisiones y cosas extrañas se decide tirarla, destrozara, ANIQUILARLA. Así, en 1884 quitan los puntales que la soportaban para que cayera por su propio peso. Y claro, no contaban con que se trataba de una torre defensiva, y que no iba a ser fácil que muriese sola.
-Oye, que no se muere. Y eso que decíamos en los informes que le quedaban tres diarios [por aquél entonces no había telediarios].
-Pues a mano. Esta noche traigo el pico y tú te la cargas. Trae amigos si no puedes solo.

Y en ese mismo año, por la noche, sin previo aviso, la mataron. Por la espalda no, porque no tiene, pero a traición sí. Demolición relámpago, con ráfagas de cohetes como celebración.

-Somos cojonudos.
-Sí, lo somos.

Y los restos mortales, a un almacén. Pobres restos arqueológicos, en pobres bolsas numeradas, como en la morgue quedó la pobre.
Y al quincuagésimo primero año de su muerte, resucitó gloriosamente en el excelso bosque de la Alhambra. Leopoldo Torres Balbás le devolvió la vida entre verdes y húmedos álamos en las faldas de la Gran Fortaleza. Y ahí está, enorme, entre sus árboles, cuesta arriba de Gomérez.
Ahora no se abre, ni se cierra. Sólo se atraviesa, pero no se accede a ningún lugar. La puerta sigue viva pese a todo, así que no os olvidéis cuando paséis ante ella de lo que fue, de lo que pasó y de lo que es.

LA PUERTA, HOY

domingo, 19 de noviembre de 2006

DESDE SAN MIGUEL ALTO




Desde San Miguel Alto se divisan las mejores vistas de la ciudad. Claro, no obstante se trata del punto más alto de Granada. En aquel lugar estaba situada la llamada Torre del Aceituno, que formaba parte del sistema defensivo medieval de la capital nazarí.

La comunicación visual con la Alhambra es directa, por lo que está claro que esta torre era un punto de comunicación entre la fortaleza de la ciudadela y las zonas situadas al norte de Granada.