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martes, 2 de diciembre de 2008

LAS RELIQUIAS DE VALPARAÍSO Y LA TORRE TURPIANA

El domingo pasado, que fue un impresionante día de frío y nieve, decidimos subir al mirador de San Miguel el Alto para ver cómo habían quedado los contornos de la ciudad. Granada está rodeada de montañas y valles, salpicados en los cuatro puntos cardinales; hacia el norte y el oeste quedan las Sierras de Huétor y de Elvira, al sur y al este el gran macizo de Sierra Nevada que penetra en la Vega meridional. Todas las cubres estaban completamente blancas y algunas de ellas coronadas con una espesa niebla.

abadíaDesde allí tomamos un camino entre olivares nevados que nos condujo a la Abadía del Sacromonte y al recinto de las Santas Cuevas. De ahí que caí en curiosidad acerca de las célebres leyendas e historias que tratan de mártires, pergaminos y reliquias hallados en las entrañas de la tierra y en la desaparecida Torre Turpiana, situada entonces en el solar de la actual Iglesia del Sagrario. Talesantas cuevass historias aparecen bien descritas y con un lenguaje que puede resultar curioso por ser de mediados del siglo XIX y basado en pergaminos y planchas de plomo del siglo XV o XVI, todo ello recogido en la obra GRANADA Y SUS CONTORNOS; HISTORIA DE ESTA CÉLEBRE CIUDAD DESDE LOS TIEMPOS MÁS REMOTOS HASTA NUESTROS DÍAS, escrita en 1858 por José Francisco de Luque. A continuación transcribo lo correspondiente a estos importantes hechos para la historia de mi Ciudad, tal y como quedó impreso en el Capítulo LIII de la citada obra.

[…]Desde la época en que se terminó la guerra de los moriscos de Granada, hasta los primeros años del actual siglo (XIX), sólo hubo en aquella ciudad acontecimientos aislados e incoherentes, que si bien merecen un lugar en las páginas de su historia, deben tratarse con más o menos laconismo y concisión, según lo exija su mayor o menor interés. El primero de que nos vamos a ocupar es la invención de las reliquias martiriales del Sacro-monte, reseñando el motivo de aquel hallazgo, los trámites del proceso que se formó para que se declarasen como tales reliquias, el entusiasmo religioso que aquel suceso causó no sólo en Granada, sino en otros muchos pueblos de la península, y las funciones públicas que tuvieron lugar por tan feliz encuentro, según se nos ha transmitido todo por respetables escritores.

Sebastián López y otros compañeros vecinos de Granada se dedicaron a buscar escrupulosamente un tesoro en el cerro en que hoy se halla establecida la colegiata del Sacro-monte, y de que tenían algunos datos. Después de haber practicado varias excavaciones y perdida la esperanza de la consecución de su objeto, como vía de último ensayo verificaron otra, y a las tres varas de profundidad hallaron el día 21 de febrero de 1.595 una concavidad, y a su entrada una plancha de plomo carcomida, en la que estaban grabadas a cincel y en idioma latino estas palabras:

EN EL AÑO SEGUNDO DEL IMPERIO DE NERÓN PRIMERO DÍA DEL MES DE ABRIL, PADECIÓ MARTIRIO EN ESTE LUGAR ILIPULITANO S. THESIPHON, EL CUAL ANTES DE SU CONVERSIÓN SE LLAMABA ABENATHAR, DISCÍPULO DE SANTIAGO APÓSTOL; VARÓN DOCTO Y SANTO. ESCRIBIÓ EN TABLAS DE PLOMO AQUEL LIBRO LLAMADO FUNDAMENTO DE LA IGLESIA. Y JUNTAMENTE FUERON MARTIRIZADOS SUS DISCÍPULOS S. MAXIMINO, Y LUPARIO: CUYOS POLVOS Y EL LIBRO ESTÁN CON LOS POLVOS DE LOS SANTOS MÁRTIRES EN LA CAVERNAS DE ESTE SAGRADO MONTE. REVERENCIENSE EN MEMORIA DE ELLOS. G:: C:: P:: C: FLORENTI: ILIBERITANO

Luego que el arzobispo de Granada, D. Pedro de Castro y Quiñones tuvo noticia de este hallazgo, dispuso que se continuasen las excavaciones a sus expensas, y que se presenciasen por sus dos supervisores, dos notarios de la Curia y algunos sujetos de gravedad, que en todo caso pudiesen deponer como testigos en una información.

Se prosiguieron los trabajos, y después de algunos días, se descubrió la entrada a una cueva, con varios ramales o caños que penetraban al interior del cerro, pero todo ello obstruido de trecho en trecho, con piedras de enorme magnitud, escombros y tierra de diferente calidad de la de aquel terreno. Limpia la concavidad del mejor modo posible, se halló en su extremo otra lámina de plomo, cuya inscripción en el mismo carácter de letra que la anterior, es la siguiente: CUERPO QUEMADO DE S. MELITÓN MÁRTIR: PADECIÓ EN EL POTENTADO DE NERÓN, EMPERADOR.

Ya con este segundo descubrimiento subió al monte el prelado con algunos individuos de su iglesia, y reconoció por sí mismo el sitio en que se había hallado; mandando a Ambrosio de Vico, maestro mayor de obras, que redoblase el número de trabajadores, con el laudable fin de conseguir cuanto antes el reconocimiento de aquellas santas cuevas. En efecto, al cabo de más de cuarenta días que se evacuaron los ramales interiores se encontraron otras dos planchas de la misma especie, cuyo contenido es el siguiente:

EN EL SEGUNDO AÑO DE NERÓN, PRIMERO DÍA DEL MES DE MARZO, PADECIÓ MARTIRIO EN ESTE LUGAR ILIPULITANO ESCOGIDO PARA ESTE EFECTO, S. HICCIO, DISCÍPULO DEL APÓSTOL SANCTIAGO CON SUS DISCÍPULOS, TURILO, PANUCIO, MARONIO, CENTULIO, POR MEDIO DEL FUEGO EN EL CUAL FUERON ABRASADOS VIVOS, Y FUERON CONVERTIDOS COMO LAS PIEDRAS SE CONVIERTEN EN CAL. PASARON A LA VIDA ETERNA: LOS POLVOS DE LOS CUALES ESTÁN EN LAS CAVERNAS DE ESTE MONTE SAGRADO, EL CUAL EN SU MEMORIA SE REVERENCIA COMO LA RAZÓN SE LO PIDE.

EN EL AÑO SEGUNDO DEL IMPERIO DE NERÓN, PRIMERO DÍA DE FEBRERO, PADECIERON MARTIRIO EN ESTE LUGAR ILIPULITANO S. CECILIO, DISCÍPULO DE SANTIAGO, VARÓN DOTADO EN LETRAS, LENGUAS Y SANTIDAD. COMENTÓ LAS PROPHECÍAS DE S. JUAN APÓSTOL: LAS CUALES ESTÁN PUESTAS CON OTRAS RELIQUIAS EN LA PARTE ALTA DE LA TORRE INHABITABLE TURPIANA, COMO ME LO DIJERON SUS DISCÍPULOS QUE PADECIERON MARTIRIO CON EL S. SELENTRIO Y PATRICIO, LOS POLVOS ESTÁN EN LAS CAVERNAS DE ESTE SAGRADO MONTE EN MEMORIA DE LOS CUALES SE VENERE.

Además de estas santas memorias se hallaron también las cenizas y reliquias de los mártires, y el horno en que fueron quemados en estado ruinoso. Con este nuevo portentoso encuentro subió el prelado diocesano a recogerlas, acompañado de los provisores, notarios, individuos de cabildo y algunas personas notables de la ciudad.

Difícil sería pintar el entusiasmo y fervor religioso que este acontecimiento causó no sólo en Granada, sino en otras muchas otras ciudades. Baste decir que todas las comunidades y corporaciones religiosas, las civiles y multitud de personas particulares subieron al lugar sagrado y lo veneraron con demostraciones piadosas.

El arzobispo por su parte dio conocimiento de todo a la corte de España y a la de Roma, las cuales, después de darle a entender al aprecio que hacían de tan importante suceso, le significaron sus deseos de que continuase con el mismo celo y la misma asiduidad hasta la conclusión del proceso. Este comenzó a por una información que justificaba plenamente que desde más de cincuenta años en adelante se habían visto en aquel monte luces y resplandores misteriosos bien entrada la noche, los cuales, no era posible fuesen efecto de causas naturales. En ella depusieron bajo juramento personas graves de todos estados, y de acrisolada religiosidad y dignas de toda fe y crédito; a cuya justificación se unió al proceso formado por el prelado Salvatierra, su predecesor sobre el descubrimiento de la Torre Turpiana, mediante la relación que con él tenía el contenido de las planchas halladas en el monte santo, ordenando que de nuevo se ratificase todo su contenido.

He aquí cómo se expresa D. Diego de Heredia Barrio, nuevo canónigo presidente de la Colegiata del Sacromonte, en la obra que publicó en 1.740 sobre este particular, con la aprobación y licencia competentes:

« Hace venir a esta ciudad los arquitectos más inteligentes del reino, que reconozcan la calidad de la fábrica de la torre, y que por ella declaren su antigüedad, para lo que se descubrieron tres varas de tierra en el edificio de dicha torre, que se habían acrecentado sobre la superficie del primer plan de su fundación, sepultando otro tanto de su primitiva altura, evidente prueba de su antigüedad. Observaron la tenacidad, dureza y profundidad de su cimiento: el grueso y longitud, o altura de dicha torre: lo roído y gastado de sus lozas: la trabazón y extraordinario enlace de ellas, tan ajeno todo del uso en los edificios antiguos de moros y romanos, que sólo en los de los fenices tenían semejantes; como así lo declararon. Convoca también los más peritos plateros, latoneros, herreros, caldereros, plomeros y demás artífices de metales, que declarasen la antigüedad de las láminas de plomo, en que las inscripciones sepulcrales estaban exaradas; como asimismo a los maestros de escribir y de abril en buril y de cincel; y a los escribanos y libreros más famosos, que dijesen su sentir acerca de los caracteres allí grabados. Éstos observaron en el plomo la mucha horrura del tiempo, su aspecto, su color, su delicadez, y que en partes por los dobleces estaban gastadas muchas letras, y tan penetrado y convertido ya el plomo en tierra, que indicando todo una grande antigüedad, con ningún artificio era capaz de fingirse, ni contrahacerse. Y en cuanto al idioma, convinieron en que era latino, y en que los caracteres eran antiquísimos, formado cada uno a impulso de muchos golpes. »

Se practicaron otras varias diligencias que omitimos por no ser difusos. […]

José Francisco de Luque. 1858, pp 371-375

Leído este extracto, podemos comprobar la importancia en su época de los piadosos hallazgos de la Torre Turpiana y Valparaíso (nombre del cerro en el que se ubica la Abadía del Sacromonte y las Santas Cuevas) y la inmediata repercusión en la cultura religiosa de la época, hasta tal punto de sacralizar la zona (Sacro-monte) y mover las altas esferas de la cristiandad con los motivos de autentificar las reliquias. Todo el proceso aparece reflejado en la obra de José Francisco de Luque, pero no vamos a extendernos demasiado en él, aunque sí resumiremos todo lo posible lo acaecido con estos temas hasta nuestros días.

EL PERGAMINO DE LA TORRE TURPIANA

Se dice que el 18 de marzo del año 1.588, a la vez que se llevaban a cabo los trabajos de construcción de la Catedral de Granada, tuvo qutorre turpiana e demolerse la Torre Turpiana, el viejo alminar de la mezquita aljama. La primera cuestión en esta historia fue el descubrimiento entre los escombros, por parte de varios obreros moriscos, de un cofre de plomo abetunado con varios objetos y un pergamino escrito en árabe, latín y castellano. Entre los objetos hallados consta la aparición de una tablilla en la que aparecía una imagen policromada de la Virgen María con ropajes egipcios, un trozo de tela perteneciente, decían, a la toca de la Virgen, un trozo de hueso supuestamente de San Esteban y unas areniscas de color azulado oscuro. El pergamino comentaba el martirio de San Cecilio y los santos varones también martirizados y acompañantes de éste, ubicando las torturas ígneas en torno a una zona de tierras azules sita entre las ciudades de Endessa y Cabrera. Por desgracia, no consta la existencia de dichas ciudades.

El pergamino fue un auténtico revulsivo de la vida religiosa de entonces, ya que, en forma de damero rojinegro, aparecían los relatos apocalípticos de San Juan con ciertas distorsiones de la doctrina eclesiástica. Así, tras la dominación árabe, Granada obtuvo su propia historia eclesiástica que devolvía la importancia cristiana perdida.

La traducción del pergamino, según las instrucciones de los altos cargos religiosos de la ciudad, fue encomendada a importantes filólogos del momento. Entre ellos destacamos a Alonso del Castillo, morisco granadino afamado de la época e importante personaje en el desenlace de esta curiosa historia.

LOS HALLAZGOS DE VALPARAÍSO

Si el descubrimiento del pergamino y demás objetos causaron una gran conmoción en el mundo piadoso de la época, los hallazgos resultantes de las excavaciones en Valpcuevas valparaísoaraíso llegaron aún más lejos, hasta el punto de fundar en él una colegiata y dar nombre a una de las zonas más conocidas de los contornos de Granada.

En 1.595, tal y como se ha descrito en el texto de José Francisco de Luque, un tal Sebastián López, un buscador de tesoros jiennense y compañía comenzaron la búsqueda de unos tesoros en un cerro de Valparaíso. Según parece, lo hicieron según unas instrucciones que ellos tenían, sin referencias procedentes del pergamino de la Torre Turpiana. Allí encontraron todo lo que se relaciona en el texto arriba reproducido, es decir, huesos, cenizas de los mártires, el horno y las planchas de plomo con inscripciones latinas y misteriosos signos salomónicos. También consta que encoplumbeosntraron los utensilios empleados para dar martirio a los santos varones. Aparecieron, de igual manera 22 libros escritos en árabe y con las cubiertas de plomo, llamados por ello plúmbeos. El primer libro de ellos, titulado DE FUNDAMENTUM ECLESIAE, era de plomo, redondo y del tamaño de una hostia y escrito en cinco hojas por ambas caras, con caracteres y puntos apenas legibles. Estos apócrifos relataban los martirios de doce mártires, entre los que han destacado en las fuentes escritas los referentes a San Hiscio, San Mesitón, San Tesifón y San Cecilio. Los hallazgos concluyeron en 1.599.

Los libros, entre sus contenidos, afirmaban la procedencia árabe de todos estos mártires. Parece ser que trataban de crear una opinión favorable hacia los moriscos granadinos, sumidos en esos momentos en plena persecución, mediante la cual se les asignaba la pureza de sangre que requerían para poder continuar viviendo en esas tierras.

EL PROCESO DE LAS RELIQUIAS

A partir de todos los hallazgos significativos, y como consecuencia de ellos, se erigió la Abadía del Sacromonte y se consagraron las cavernas en las que apareció tan importante testimonio de martirio.

Sin embargo, y dada la importancia capital de los hallazgos, se produjo durante un dilatado tiempo el llamado Proceso de las Reliquias, en el cual se cuestionaba la autenticidad y validez de los libros plúmbeos. La relación de hechos componentes del proceso se encuentran recopilados en El Libro Carmesí, custodiado en el Archivo Secreto de las Cuatro Llaves de la Abadía del Sacromonte.

Se relatan en el proceso la producción de milagros al contacto con las reliquias, declaraciones de los testigos de los hallazgos, así como las contrastadas opiniones de aquellas personalidades religiosas que tomaron parte en el asunto. Si finalmente se hubiese confirmado la autenticidad de las escrituras, los moriscos granadinos hubieran sido considerados cristianos viejos y también se hubiera detenido el exterminio de los mismos. De ahí que el motivo de tal magnífica falsificación fuese el intento de detener la inminente expulsión de los moriscos que aún permanecían en tierras granadinas.

Los libros fueron enviados a Madrid en 1.631 y desde ahí a Roma en 1.642. Fueron considerados heréticos por el Vaticano en 1.682 y han permanecido ocultos hasta el año 2.000, cuando fueron devueltos a Granada. En definitiva, parece ser que todos los elementos descubiertos están datados en el siglo XVI, y no en el siglo III como referencian los históricos textos. Se cree que Alonso del Castillo, traductor del pergamino de la Torre Turpiana, fue el auténtico artífice de esta excepcional falsificación.

El resto de las falsas reliquias veneradas por los granadinos durante siglos, fueron más que posiblemente depositadas por parte de los moriscos en el cofre en el mismo momento de su cuestionable descubrimiento, con el motivo de intentar parar el destino que a todos ellos les esperaba.

libros plumbeos

martes, 4 de noviembre de 2008

miércoles, 3 de septiembre de 2008

GRANADA DESDE MI OBJETIVO

Mar, nieve, montaña e historia. Hay aún demasiados que no saben apreciarlo. Las cosas se complican, pero quiero permanecer aquí.

 

 
(Si no aparecen las fotografías, espere un momento... le compensará)

jueves, 20 de septiembre de 2007

GRANADA Y SU FRÍO

Septiembre ya agoniza. En unas horas finaliza oficialmente el verano y el calor. El cálido ambiente sureño no responde a calendarios y es posible que tengamos que soportar algunos sudores más.
Yo soy un hombre de abrigo y manta. Me gusta dormir tapado, salir a la calle abrigado, calentarme en el hogar y no bajo el cielo. Esta mañana, como cada año por estas fechas, he notado el frescor otoñal en el rostro. Es como si el tiempo quisiera engañarme y hacerme creer que el calor pronto se irá. Sé que no ocurrirá hasta que medie octubre, pues en Granada tenemos un microclima continental que nos juega muchas bromas.

Me gusta el frío más que el calor. Quizás se deba al hecho de tener el corazón caliente. Además, sigo insistiendo que mi ciudad es más acogedora, confotable y bonita en invierno... sobre todo cuando nieva. En los últimos años ha nevado en algunas ocasiones, y el gélido aire que atraviesa las calles y llega a cortar los labios es para mí una cálida señal de recogimiento. Quizás cuando más se disfruta de las calles y las zonas más románticas de aquellos barrios que han llegado a enamorar a tantas personas.

Hace un par de inviernos, tras una copiosa nevada, tuve una preciosa experiencia que nunca antes conocí. Es tan simple como el hecho de poder tomar té caliente, con leche y canela, en una pequeña cantina árabe con sus melodías y perfumes morunos a la vez que se observaba parte de la nieve aún en el exterior. Más que nada fue la sensación de estar fuera de mi ciudad, aunque no hubiera salido de ella.

Desde luego, Granada es una ciudad anacrónica donde las haya. Viajas en el tiempo al cruzar sus barrios y notas hasta como te baja la tensión cuando llegas a la ciudad moderna tras un paseo por la Sabika o el Albayzín. Como si hubieses descargado tu emoción y tu corazón no hubiera parado de latir a toda máquina durante esos momentos de inmersión en siglos pasados. Sientes estar especialmente vivo en esos momentos. Granada en invierno es más Granada.

Y Sierra Nevada, al fondo, la acompaña desde siempre.


martes, 21 de agosto de 2007

LAS PUERTAS DE GRANADA

Aunque tan sólo queden unas pocas en pie, Granada fue tal fortaleza urbana que jalonábanla casi tres decenas de puertas. Sería excesivamente extenso describir en este momento cómo era entonces la ciudad y cómo estaban en ella implantadas. Sólo recordaré aquellos momentos en los que mi vida estaba dedicada a todas ellas y a los lienzos de muralla que las unía entre sí, formando distintos recintos que fueron creciendo con la caída de las arenas del tiempo.
Dediqué un año a la investigación del patrimonio militar medieval urbano de Granada, tanto al existente como al ya desaparecido. Ahí quedan horas de estudio, devorando libros viejos y jóvenes y conversando con arabistas, arqueólogos e historiadores. Días, de sol a sol, buscando todo aquello que pudiese aún existir, aunque sólo fuese a los ojos de algunos. En algunas calles transitadas a diario por miles de personas quedan visibles pedazos de historia ocultos por su propia ausencia escrita y hablada. Así los disfrutamos quienes los conocemos y así lo disfrutarán quienes se interesen por ellos.
Soy consciente que la arqueología urbana medieval, al no ser artísticamente atractiva, no es un plato apetitoso para el profano, y por ello entiendo las dificultades a la hora de publicar algo así.

Por ahora, ahí tengo a mi primer hijo, de 330 páginas de torres, murallas, puertas y nostalgia.
Me queda la alegría casi infinita de mostrar aquello con lo que tanto soñé a las personas que así lo desean.

Las Puertas de Granada, tantas en un libro y una sóla en mi corazón.

miércoles, 14 de febrero de 2007

EL DÍA DE LA CRUZ


Recuerdo los paseos, a principios de mayo, por mi ciudad. Antes era todo mucho mejor, era más puro. No estoy remontándome a muchos años, sólo a un par de lustros. Ha pasado el tiempo suficiente para darme cuenta de cómo han cambiado las cosas.
El 3 de mayo se celebra en Granada el Día de la Cruz. Es una fiesta pagana con un origen religioso, con un arraigo tradicional muy fuerte que cada día ha ido autodestruyéndose por medio de los vecinos e invitados. Sus orígenes ancestrales y misteriosos contrastan con el desprecio que actualmente recibe esta fiesta.
A principios de mayo se celebrebaba antaño la Invención de la Santa Cruz (aparecía en todos los calendarios y fuentes litúrgicas mozárabes), festividad relacionada con el legendario relato del hallazgo por Santa Elena de la auténtica Cruz de Cristo. En resumen, dicho relato narra que durante las batallas contra los bárbaros a orillas del Danubio, el emperador Constantino tuvo una visión. En el cielo apareció la Cruz de Cristo junto a las palabras IN HOC SIGNO VINCIS ("con esta señal vencerás"). El emperador venció en la batalla contra la multitud sin dificultad, se bautizó y ordenó la construcción de iglesias. Envió a su madre (Santa Elena antes de ser santa) a buscar la verdadera cruz a Jerusalén y, en el monte donde se sitúa la muerte de Cristo, el tres de mayo, encontró tres cruces ocultas. ¿Cuál era la verdadera? Fácil, aquélla que realizase algún prodigio. Colocaron todas, una a una, sobre el cadáver de un joven hasta que éste resucitó.
Desde el siglo VI se estuvo celebrando la festividad de carácter litúrgico dies Sanctae Crucis hasta que se perdió en el tiempo. La celebración en la actualidad se remonta al siglo XVIII, desconociendo los detalles que motivaron la recuperación de esta conmemoración. Desde entonces, perdió su carácter litúrgico y religioso y quedó como una fiesta tradicional con la cruz como centro social. La celebración consiste en la reunión de los vecinos de cada barrio alrededor de cruces, fabricadas por ellos mismos y cubiertas de flores, plantas primaverales y mantones. A los pies de la cruz se colocan, de forma ordenada y con más o menos armonía, utensilios típicos de cocina y enseres domésticos tradicionales. Tampoco debe faltar el pero con las tijeras hincadas (tiene su significado, sí). En el entorno de cada cruz se realizan bailes típicos (sevillanas, generalmente) a la vez que también se consumen los productos más típicos de la zona (habas, jamón, tortilla, chorizo asado o frito, patatas a lo pobre, migas, pinchos morunos, etcétera), bocadillos, cervezas y fino o manzanilla.
Esta fiesta, a su modo y por parte de su contenido floral y natural, es una bienvenida a la primavera. Esa es la parte absolutamete pagana que tiene orígenes incluso romanos (las FLORALIA, fiestas romanas en honor a la flora que duraban desde el 28 de abril al 3 de mayo).
Ni soy un fervoroso creyente, ni me gustan las sevillanas. Pero hay un sabor tan lindo dentro de esta fiesta, que sólo llena el cuerpo de alegría en cada primavera. El ánimo en las calles, la belleza de las Cruces y la exquisitez de la gastronomía hacen de ella un auténtico placer para propios y extraños.
En los últimos años, sólo hay aglomeraciones, música moderna a todo volumen y alcohol que se mezcla con fluídos más desagradables y pestilentes. La excusa perfecta para convertir poco a poco a Granada en la botella de España ha ido creciendo en los últimos años. Botellones masivos, jóvenes que vienen en peregrinación etílica y que además opinan acerca de esta fiesta que desconocen. Siempre igual, la juventud dice que ha de divertirse reventando tradiciones, pervirtiéndolas y haciéndolas suyas. Las últimas fiestas han sido tan patéticas que consistían en la colocación de barras con bebidas en todas las plazas de la ciudad, surtidores para botelloneros. Ni siquiera había cruces en muchos de estos lugares.
Este año, sin embargo, el Ayuntamiento ha dado un paso importante y que celebro. Se acabaron las barras en las plazas. Se vuelve a la tradición, manteniendo las cruces en patios de vecinos y entidades como colegios, residencias y otros lugares cerrados que abren sus puertas a todos los que quieran acercarse. Se potencia la creación de cruces con subvenciones a las trazas tradicionales y golosos premios a las mejores de todas. Un impulso a una tradición que ha trascendido fuera de Granada y que se ha corrompido en demasía.
Ahora, espero volver a pasear este año y decirle a algún amigo "vámonos de Cruces".

viernes, 26 de enero de 2007

NIEVA EN EL SUR

Ya es difícil, en estos últimos meses y en los que nos quedan por delante, ver que las nubes nos impregnen con su esencia en estas latitudes de la península. Apenas ha llovido desde aquél maravilloso puente que precedía a las navidades y que inauguraba uno de los mejores meses de mi vida. Ahora parece que el clima, herido de guerra, está dando algunos coletazos de vida invernal.
Cada vez que miro al futuro y veo que el agua no nos sobrará, imploro a quienquiera que maneje Gaia para que derrame sobre nosotros la esencia de la vida. Por eso me alegro y me muestro incluso más agradable los días lluviosos que los soleados. Ahora, parece que el agua viene vestida de blanco, de gala. El frío viene precioso y limpio del cielo para morir derretido y sucio en el suelo.

Y lo más bonito, lo que más me gusta y más me estremece, es el silencio que se escucha entre los copos.

martes, 21 de noviembre de 2006

HISTORIA DE UNA PUERTA

Como todo el mundo sabe, una puerta está hecha para abrirse, atravesarla, cerrarse y acceder a algún lugar. La historia que os voy a contar habla sobre una puerta a través de la cuál se accedía a una ciudad.
Hace muchos años (como decía el cuentacuentos de Martes y Trece; tantos, que casi ni me acuerdo) mi querida ciudad era la capital de un reino. El reino en cuestión tuvo sus épocas de esplendor, decadencia y constante guerra con el bando cristiano. Al fin y al cabo, los moros de Granada se quedaron en ella hasta el dos de enero de 1492, por lo que aguantaron siglos el ataque de la Santa Cruz. A lo largo de los siglos, la ciudad fue fortíficándose a base de potentes murallas jalonadas con torres defensivas y alguna que otra fortaleza en puntos más estratégicos. Y claro, para atravesar la vasta muralla se tuvieron que construir puertas de acceso; algunas a la vez que se trazaba el gran muro, otras se erigieron una vez que los lienzos murales ya existían. Quizás este último sea el caso de nuestra protagonista.
Y así, hacia atrás en el tiempo, llegamos hasta los últimos años de la Edad Media, en la que se desarrollan los acontecimientos que han marcado el carácter urbano de la actual Granada. Sin saberlo con exactitud, podemos pensar que nuestra puerta se construyó durante el siglo XIV, siendo insertada en la muralla que llevaba ya algunos siglos funcionando. Estaba ubicada en los alrededores de la célebre Plaza Bibrambla o Bibarrambla y era conocida como bab al-Ramla (Puerta del Arenal). De todas formas, a lo largo del tiempo ha sido conocida con muchísimos nombres, como Puerta de las Orejas y las Manos (dicen que en época cristiana colgaban en los muros de la puerta las orejas y manos de malhechores detenidos), Puerta de los Cuchillos e incluso Puerta del Caballo.
La puerta era colosal, encajada dentro de una gran torre, y con paso a su través en recodo. El tiempo la convirtió en un elemento urbano más, habiendo perdido su función original en el momento en el que la muralla ya estaba embutida en la ciudad e incluso ésta desapareciese. Hasta que llegamos al culmen de la historia... porque la puerta no iba a estar ahí siempre. Hay que tener en cuenta que la conciencia sobre el patrimonio de nuestros antepasados no era ni la mitad de la mitad de la mitad de la que puede tener cualquiera de nosotros.
A mediados del siglo XIX las edificaciones colindantes a la puerta empezaron a asfixiarla materialmente a la vez que algunos vecinos mostraban interés por quitarla de enmedio. El Ayuntamiento (aquí nada de Excmo.) parece que no veía del todo mal la idea de hacerla desaparecer. De hecho, algunos ecos llegaron a la prensa madrileña, dejando claro el desinterés por parte de la administración granadina (no hay en la vida nada, como la pena de ser ciego en Granada, dice la tradición). Y fue cuando los políticos de turno empezaron la rueda del criticar y descriticar. En el Ayuntamiento algunos se lavaban las manos, la Comisión de Monumentos no paraba de criticar la moción y resolvió solicitando una Real Orden Protectora. Pero la juerga no había hecho más que empezar.
Después de los bailes políticos vienen los hechos y los llantos y las risas. Todo empezó por el derribo de un trozo de muralla cercana a la puerta, hacia 1859. Y así, con protecciones de la realeza y todo, la polémica vuelve cuando el Ayuntamiento se plantea cosas feas en 1861.

-¿Nos vamos de demoliciones?
-Venga, vale, de acuerdo.
-Pues esperamos una docena de años y la hacemos trizas. Pim pam pum.
-Vaaaale, esperamos doce años.

Doce años después, en 1873, se inicia de modo precipitado el derribo de la bab al-Ramla, aunque por suerte algunas reacciones mediáticas y políticas frenaron un poco el triste destino de la puerta. Incluso un vecino que vivía junto a la puerta veía peligrar la estabilidad de su casa, vaya por Dios. Y ni caso al pobre.
Y después de años de rifirrafes políticos, comisiones y cosas extrañas se decide tirarla, destrozara, ANIQUILARLA. Así, en 1884 quitan los puntales que la soportaban para que cayera por su propio peso. Y claro, no contaban con que se trataba de una torre defensiva, y que no iba a ser fácil que muriese sola.
-Oye, que no se muere. Y eso que decíamos en los informes que le quedaban tres diarios [por aquél entonces no había telediarios].
-Pues a mano. Esta noche traigo el pico y tú te la cargas. Trae amigos si no puedes solo.

Y en ese mismo año, por la noche, sin previo aviso, la mataron. Por la espalda no, porque no tiene, pero a traición sí. Demolición relámpago, con ráfagas de cohetes como celebración.

-Somos cojonudos.
-Sí, lo somos.

Y los restos mortales, a un almacén. Pobres restos arqueológicos, en pobres bolsas numeradas, como en la morgue quedó la pobre.
Y al quincuagésimo primero año de su muerte, resucitó gloriosamente en el excelso bosque de la Alhambra. Leopoldo Torres Balbás le devolvió la vida entre verdes y húmedos álamos en las faldas de la Gran Fortaleza. Y ahí está, enorme, entre sus árboles, cuesta arriba de Gomérez.
Ahora no se abre, ni se cierra. Sólo se atraviesa, pero no se accede a ningún lugar. La puerta sigue viva pese a todo, así que no os olvidéis cuando paséis ante ella de lo que fue, de lo que pasó y de lo que es.

LA PUERTA, HOY

domingo, 19 de noviembre de 2006

DESDE SAN MIGUEL ALTO




Desde San Miguel Alto se divisan las mejores vistas de la ciudad. Claro, no obstante se trata del punto más alto de Granada. En aquel lugar estaba situada la llamada Torre del Aceituno, que formaba parte del sistema defensivo medieval de la capital nazarí.

La comunicación visual con la Alhambra es directa, por lo que está claro que esta torre era un punto de comunicación entre la fortaleza de la ciudadela y las zonas situadas al norte de Granada.